22 jun. 2009

Abarrotados


Dicen y predicen,

enuncian, anuncian y denuncian,

proponen, disponen y posponen,

inventan, alertan y fingen,

hurgan entre lo increíble, lo imposible, lo absurdo y lo inconcebible,

arañan con agudeza sorprendente, insólita y fantástica, lo querido, lo olvidado, lo profano, lo sagrado, lo odiado... lo mentado,

agotan agendas, lapiceras, cuadernos, plumas, teclados, lápices y libretas con la sonrisa orgullosa de quien aprovecha sus horas,

se sumergen ufanamente entre historias, cuentos, poesías, artículos, textos y escritos, para sonsacar ideas, criticar posturas, reflexionar intenciones, allanar matices, comparar, angustiar... en últimas disfrutar de otros, con otros, consigo mismos,

mitigan entre hechos, dichos y utopías las realidades que apañan los silencios y algarabias del mundo,

se disfrazan de personajes que fueron, que serán, que ingenuamente intentan ser,

inspirados, hastiados y sofocados de las realidades y cotidianidades, se conjugan con lo efímero, lo trágico y lo romántico, en un pabellón de fantasías,

resueltos, se niegan, se afirman y se contradicen en letras escritas no siempre entendidas, siempre abiertas a quien desee resarcir su ingenio,

embelesados ante la hoja en blanco, dibujan absurdos por la escurridiza piel de las palabras.


Y al final los escritos y sus hacedores están tan solos, solos y abarrotados.