30 jul. 2009

Adioses


Pensó que sí, pero no... él seguía allí sentado confesando sus adióses y esperando las bienvenidas.
Tardaba tanto en cada confesión que en el tiempo se aturdía ante austeras presencias que bien podrían darle la bienvenida.
Una y otra vez se abrazaba a su palabra, con el mismo asombro y la misma ansiedad que le llevó hacer de su confesión una memoria que era historia casi útil para entender un poco mejor y en profundidad esas palabras que aturdían la soledad y enmascaraban el miedo.
El lugar siempre era el mismo, aunque a veces lo disfrazaba con colores, para ocultar el día o la noche, para sentirse seguro, para sorprenderse. Quien pasaba por allí siempre era ella, tan asustada, tan tierna, tan ligera y soñadora... tan tonta a veces, que donde quiera que pasaba dejaba algún bien, alguna alegría, alguna nostalgia, algún recuerdo... alguna torpeza. Casi nunca había un encuentro casi siempre una despedida.
Se despedía cada mañana de los cabellos que se enredaban entre sus dedos, marchitos, rizados, cansados de estar presos de esa cabeza. Adiós a las lágrimas que en las noches dilapidaban su sueño y alargaban la ausencia. Adiós a su minúsculo cielo privado que en la madrugada era amado por pájaros, por verdes silencios, por transparentes caminos. Adiós a la posibilidad de borrarla de su ansiedad, de su deseo, de su terca nostalgia y voluntad de volver a tenerla...
Adióses innúmeros, de los que se despedía después de cada historia, cediendo paso a su ignorancia de la realidad ´real´. Sintió el silencio y lo inundó el miedo, quiso luchar contra ese miedo de ser, contra el miedo de recordar, contra el miedo de cambiar la historia, pero el miedo nacía con las raíces al aire, incierto, como la mayoría de sus miedos... entonces echó a correr deseando que la distancia y el tiempo tuvieran el arte de borrar huellas... pero estaba preso de la desesperación, preso del miedo, su historia era todo lo que tenía, tenía algo que perder, aunque fuera poco, aunque fuera nada, esa era su certeza.

Pensó que sí, pero no... él sabe que a pesar de todo va amarla por siempre. Su historia lo llevará a ella, aún con mil miedos, aún con la necesidad de cambiar las cosas a partir de una certeza de amor. Él seguirá allí acurrucado esperando la bienvenida.