17 abr. 2010

Recorte II

Los tonos grises del cielo, la huella húmeda de la lluvia, el aire frío de la mañana, mis palabras y mis silencios, no son casualidad.
A veces me dan ganas de contar algo, como excusa quizá para romper la rutina o razón para caminar más despacio, mirar con detenimiento, amanecer sin afán, anochecer con esperanza o simplemente escucharse respirar... quedándome quieta en el letargo de la incertidumbre.
Cuando uno habla, espera con ansiedad alguna gestualidad que anime su conversa, un guiño que anide sus palabras, algún sonido que acentúe la escucha o una mirada que acompañe la retórica. Pero cuando uno escribe, la espera de cualquier reacción aparece disfrazada de duda y es esto lo que salva a quien escribe y sus palabras...
Un instante escrito en que la vida se posa y se va, como un resumen pactado del tiempo, lleva bordada mi extrema timidez, en los bordes de mis dedos que no lo son tanto...

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