17 mar. 2009

Matilde

Sus ojos verdes aún siguen esperando la última lágrima que del cielo cae para no sentir la ausencia de lo que fue su más cercano amigo.
Todo sucedió tan rápido, que no le dió el tiempo necesario para terminar de preparar su alimento. Una mano tras otra la obligaron a entrar en ese incómodo, obscuro y solitario recinto. Lo que había sido su família, decidío enviarla de camino hacia las apabulladoras calles de la ciudad, en una noche sin cielo, sin explicación.
Todo parecía tan nuevo y tan indiferente, que prefirío dormir.
Al despertar, ya nada cubría su frente y una luz similar a la que vió la última vez en su casa le erizó la piel, tras un silencio escucho una voz delicada y sintió sobre sí de nuevo la sombra de la noche anterior. La voz le dijo:
- Matilde te llamarás como la santa del día de hoy, hoy es tu nuevo nacimiento.
- Anoche durante el viaje, algo se te quebró, sin embargo vas a ver que te vas a poner mejor.
Y sin entender sintió las lágrimas del cielo sobre su costado, sus brazos, su rostro.
Le reconfortarón cada espacio de su piel, la luz se hizo más fuerte sobre su rostro
y se empinó para disfrutar de ese instante.
Otra voz más fuerte se escuchó:
- ¿Qué planta es esa, que tiene rota la ramita más grande?

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