19 abr. 2009

Torpeza ilustre


Cada noche luego de desnudar su cuerpo y abrazarlo a su pijama, tomaba el libro de cuentos de su mesita de noche para apaciguar los pensamientos nostálgicos que la procuraban al caer de la tarde. Pero esa noche prefirió leer su cuaderno de notas para retomar lo escrito el día anterior en un café de La Candelaria, mientras apaciblemente esperaba que el tránsito hiciera el despeje pasada la hora pico. Había escrito con ligereza para no dar lugar a las inquietudes que sin duda llegarían al leer de nuevo las líneas. El separador daba apertura a las páginas que convocarían su desconcertante actuar. A medida que avanzaba en la lectura su respiración se acrecentaba, bruscamente apartaba las lágrimas que opacaban su mirada y sin afán buscó en el cajón las pastillas que tranquilizarían su cuerpo...

Cerró los ojos y la respiración fue cada vez más leve, su cuerpo captaba el caos sacudiéndose interminablemente hasta la última expiración. De repente, se encontró con su cuerpo como oscuridad, intransitable territorio, recorrido por inquietantes murmullos que se parecían al zumbido de la sangre que late contra las sienes. No veía su reflejo en el espejo, no sentía su aliento al acercar sus manos y sus ojos secos le anunciaron que había decidido formar parte de la jauría de fantasmas que habitaban los cuartos, casas y calles de la ciudad. Se asomó por la ventana y vió a su anciano vecino recostado en la pared sonriéndole, junto a él estaba Ana jugando con el perro que semanas atrás había sido atropellado por una patrulla. Apoyó su frente contra el vidrio y no sintió frío, ni sueño, ni afán, ni tristeza...

Pensó: "a los fantasmas no los fastidian las promesas, ni los triunfos que se desperdigan sobre el tapiz de la desdicha, no necesitan asearse para quitarse de su piel los rescoldos de la vida, que han dejado las reuniones, los escrúpulos y la urbanidad, se siente bien ser fantasma".

Miró hacia la mesa y vió el frasco, de repente un vacío inmenso se apoderó de su cuerpo, se sintió caer precipitadamente en un abismo, su respiración se hizo incontrolable y de golpe se sintió amarrada y tendida sobre su cama, el cuerpo húmedo, la respiración acelerada y la mirada perdida le traían la desilusión de un sueño.

El frasco vacío le dejó ver que se había comido los pocos candies americanos que guardaba con recelo en la mesita de noche. Se compuso del sueño profundo que la había traído de vuelta y supo que a todos nos habita un ser de otro mundo, hasta los pasos que damos en falso nos recuerdan el fantasma de nuestra torpeza inútil.

6 comentarios:

  1. Muy buen final!

    Yo también tengo cosas así. Escenas.

    ¿Cómo hacer para que avancen?

    Besos

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  2. mmm
    "se siente bien ser fantasma"...

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  3. Que lindo conto, Luzmi. Só nao sei o que é "jauría"...mas entendi tudo. Um grande abraço pra vc.

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  4. Natalia,
    Creo que es como un espejo en el que constantemente nos reflejamos y sólo avanza cuando cambia la mirada... más allá de lo que pueda pasar...
    Gracias :)

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  5. P.S.
    Sí, definitivamente se siente bien ser fantasma, además los fantasmas nos enseñan que un día nuestras sombras serían reales y fugaces...
    Gracias!!

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  6. Jú!!
    Muito obrigada!, "jauría" é uma palavra que faz referência aos caes quando caçam juntos, ainda pode se usar num sentido figurado.
    Um abraço, que bom que tenha entendido!! Mas ainda me falta muito pra me entender tambén..jeje!! Beijinho!!

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